Aguantarse las ganas de orinar, ¿puede tener consecuencias?

Todos lo hemos hecho, y lo hacemos, por pereza o si las circunstancias nos obligan: estamos fuera de casa en lugares poco adecuados y preferimos esperar, nos ponemos a hacer cosas y pensamos que cuando acabemos ya iremos, está a punto de terminar el episodio de nuestra serie favorita y aguantamos hasta el final…

En principio, aguantarse las ganas de orinar de forma ocasional no tiene por qué tener consecuencias. Otra cosa es convertirlo en algo habitual. Y es que cuanto más tenga que almacenar nuestra vejiga, más tiene que contraerse, y al forzar este mecanismo la estamos obligando a un sobresfuerzo del sistema urinario, ya que también conduce a una contracción prolongada de los esfínteres. Eso puede llevar a un suelo pélvico hiperactivo, dolor en la vejiga, urgencia o incontinencia urinaria. Por lo tanto, si pensamos en la salud a largo plazo, no es un buen hábito el de retener la orina.

Lo ideal sería orinar cada cuatro o cinco horas aproximadamente, siempre que tengamos ganas y sin aguantarnos en exceso. Una vez en el baño, también es importante no tener prisa y vaciar por completo la vejiga para que no quede orina residual y pueda provocar el desarrollo de bacterias, como la E. coli, y provocar una infección, sobre todo en las mujeres, que tienen la uretra más corta.

¿SABÍAS QUE…

Las ganas de orinar sobrevienen cuando tenemos unos 150 a 200 mililitros de orina en la vejiga. Sin embargo, el cerebro puede dar la orden de aguantar y la vejiga se sigue estirando… Cuando se almacenen unos 400-500 ml la presión será realmente incómoda. Si llega a 1000 ml puede llegar a romperse, algo muy raro, aunque lo normal es que se pierda el control de la vejiga antes de que esto pase.

Consecuencias de aguantarse siempre…

  • Incontinencia: los músculos que mantienen la vejiga cerrada aguantan una determinada presión, por lo que someterla a demasiada presión puede hacer que provoquemos pérdidas.
  • Suelo pélvico debilitado: los músculos del suelo pélvico trabajan de manera conjunta para aguantar la orina o dejarla ir. Pero si mantienes la orina de forma continuada, puede aparecer una disfunción en los músculos del suelo pélvico, que trabajan para aguantar o dejar ir la orina, según convenga.
  • Vejiga hipotónica o dilatada: ya hemos dicho que es bastante improbable, pero sí podemos provocar que la vejiga se vuelva hipotónica o flácida, con menos fuerza. Además, retener la orina como costumbre, aumenta su tamaño y hace que nunca termine de vaciarse del todo, con el consecuente riesgo de infección.
  • Riesgo de infección: si aguantamos mucho las ganas y la orina permanece en la vejiga mucho tiempo o no acaba de vaciarse bien, las bacterias pueden acabar colonizando el sistema urinario. Como la micción es parte de nuestro sistema de limpieza y eliminación de residuos, pueden quedar allí retenidos si no se eliminan. Si la retención es importante y continuada, las infecciones pueden acabar provocando cálculos en los riñones e incluso en la vejiga (litiasis) o favorecer el reflujo de la orina.