Cómo criar niños frágiles

La manera de educar a nuestros hijos ha cambiado de forma radical en los últimos años. Hemos pasado de un modelo fundamentalmente autoritario a un modelo sobreprotector y permisivo. Intentando solventar problemas de “rigidez” del pasado, hemos pasado al polo opuesto, padres “chicle”, blandos e incapaces de poner límites. Las consecuencias pueden ser desastrosas.

Es importante saber qué tipo de actitudes y estrategias generan problemas en la crianza para evitar caer en esos errores y así poder educar mejor. Como dice una de las estratagemas chinas que utilizaban los antiguos samuráis en el arte de la guerra, “si quieres enderezar algo, primero aprende a torcerlo aún más”. Así pues, ¿cómo puedes criar un hijo vulnerable e incapaz?

  • Consiéntele todo: de esta forma aprenderá que puede obtener lo que quiera cuando quiera y, por supuesto, sin ningún esfuerzo. Al habituarse a esta forma de funcionar, en el momento en que tarde o temprano algo se le niegue, desencadenará reacciones de rabia descontrolada hasta conseguir su objetivo.
  • No permitas que se frustre jamás: la frustración es una emoción normal que el niño debe aprender a elaborar. Si ponemos a nuestros hijos bajo una campana de cristal, no sólo les estamos enseñando a vivir en un mundo irreal (ya que en el mundo real existen los problemas y las dificultades) y a desconectarse de sus propias emociones, sino que además bloqueamos cualquier posibilidad de aprender a manejar esas situaciones. Los hacemos incompetentes, sin pretenderlo.
  • Prevé todos sus problemas y resuélveselos: si los padres siempre aparecen para resolver el mínimo problema, el niño no puede aprender a interiorizar recursos de solución de problemas. El progenitor tiene que ayudar cuando el niño no pueda, pero el niño tiene que intentar antes resolver cualquier dificultad.
  • Crea pautas poco consistentes: si el niño no recibe estabilidad en las pautas, ya sea porque estas van cambiando o porque son diferentes en cada progenitor, el niño aprende que las normas no son importantes o que puede saltárselas, lo que le sume en un estado de confusión.

Resumiendo, un niño sin límites ni normas es un niño que no tiene un encuadre claro sobre cómo funcionar y evolucionar. Es como si fuera por la vida a oscuras y sin mapa. Como no ha aprendido a enfrentarse a dificultades porque siempre se lo han hecho todo de serie, no sabe manejar la frustración, y al mínimo contratiempo explota emocionalmente. No tiene recursos, por lo que es un niño vulnerable. Esta vulnerabilidad puede dar lugar a adultos dependientes que nunca “crecen”, fóbicos, con agresividad o conducta antisocial, abuso de drogas, etc.

La actitud de los padres no puede pretender que la familia sea una “democracia” (todos deciden) ni tampoco una “dictadura”. Se trata de que las directrices estén claras y elegidas por los padres, que el niño entienda que forman parte de lo que necesita para evolucionar y desarrollarse y que sean trasmitidas con cariño, respeto y responsabilidad.