Cuidado con la moda de las bebidas energéticas

Si hasta hace poco la bebida más habitual entre los adolescentes eran los refrescos, ahora estos han sido desplazados por las bebidas energéticas. Se trata de bebidas no alcohólicas que contienen azúcar, cafeína, taurina, algún tipo de vitaminas y extractos de hierbas y que se promocionan a menudo como “estimulantes y energizantes”. Pero es importante diferenciarlas, pues muchas veces se confunden, de las bebidas para deportistas, diseñadas para la recuperación tras una actividad física intensa debido a su aporte en sales minerales y azúcar.

El problema de las bebidas energéticas radica precisamente en su composición:

  • Mucho azúcar simple.
  • Exceso de cafeína: una lata contiene unos 300 o 400 mg, dependiendo de la marca, equivalente a tres o cuatro tazas de café o refresco de cola, lo que supera la dosis máxima aconsejada para adultos y supera con creces la dosis aconsejada para los niños.
  • Altas concentraciones de extractos de hierbas: hay muy pocos estudios que determinen sus efectos en humanos.

Uno de los principales problemas hoy en día es tanto niños como adolescentes consumen estas bebidas, a veces sin control, ya que las consideran meros refrescos, cuando la realidad es que entrañan ciertos riesgos. Un estudio de la EFSA (máxima autoridad europea en alimentación) indica que dos de cada diez niños toman bebidas energéticas y esto es lo que puede provocarles:

  • Trastorno del estado de ánimo, baja autoestima y depresión.
  • Empeoramiento del rendimiento escolar.
  • Mala calidad del sueño.
  • Empeoramiento del asma.
  • Aumento de la tensión arterial.
  • Aumento de hiperglucemias.
  • Interacción con medicamentos.
  • Problemas óseos y dentales.
  • Puede empeorar afecciones cardiacas preexistentes.

Por ello, la EFSA es clara en sus recomendaciones: los menores de 12 años no deberían probarlas nunca, y desaconseja su consumo de forma clara en niños más mayores, ya que se calcula que la mitad del consumo de este tipo de bebidas lo lleva a cabo la población entre 12 y 25 años, y habitualmente mezcladas con alcohol.

La combinación de bebidas energéticas y alcohol puede provocar, tanto en adultos como en adolescentes, efectos indeseables como alteraciones cardiacas, taquicardia, palpitaciones, aumento de la presión arterial, falta de coordinación motora…