Helados, no todos son iguales

Una de las cosas más apetecibles en estos días tan calurosos son los helados, como tentempié para refrescarnos. Pero, ¿sabes realmente la diferencia entre ellos y si existe alguno de saludable?

Los helados de por sí están cargados de azúcar, grasas y aditivos (si son industriales), por lo que nunca son una buena opción si queremos seguir una dieta saludable y cuidar nuestra salud. Y, aunque en los últimos años hayan aparecido en el mercado los “helados bajos en grasa”, tampoco son la solución, ya que la grasa tiene que suplirse con otro ingrediente que le otorgue al helado la misma cremosidad que esperamos encontrar, por lo que éste no será especialmente saludable ni evitará añadir calorías. Como recomendación, lo ideal es no abusar del helado, consumir el que más nos apetezca de forma esporádica y mejor optar por las variedades de hielo, sorbete o granizado (no contienen grasas saturadas, pero sí azúcares).

Tipos de helados

En España se clasifican de la siguiente forma por el Real Decreto y por la Reglamentación Técnico-Sanitaria.

  • Helado crema. Como mínimo contiene un 8% de grasa, pudiendo llegar hasta el 12% o más, y mínimo 2,5% de proteína, ambos de origen lácteo.
  • Helado de leche. Contiene como mínimo un 2,5% de materia grasa de origen lácteo y un 6% de extracto seco magro lácteo.
  • Helado de leche desnatada. Como máximo contiene un 0,3% de grasa exclusivamente de origen lácteo y como mínimo un 6% de extracto seco magro lácteo.
  • Contiene como mínimo un 5% de materia grasa y las proteínas serán sólo de origen lácteo.
  • Helado de agua. La masa contiene como mínimo un 12% de extracto seco total.
  • Debe contener como mínimo un 15% de frutas y un 20% como mínimo de extracto seco total.

Por otro lado, existen los artesanos, que son un poco más sanos, pues contienen menos grasa (entre un 6-10% de grasa) y no llevan conservantes, estabilizantes, emulsionantes, colorantes y otros elementos añadidos.

La mejor solución

Lo ideal es elaborar tus propios helados en casa a partir de alimentos que tengas, sin aditivos, azúcares o jarabes añadidos y evitar las grasas saturadas.

Sorbete de melocotón

Pelar el melocotón y cortarlo a dados. Colocar los dados de melocotón, sin que se amontonen, en una bolsa apta para congelar con cierre y llevar a congelación. Cuando tengas calor y te apetezca el sorbete, solo tienes que coger los trozos de melocotón congelados, verterlos en una batidora y triturar. Añádele unas hojas de menta y el sorbete ya estará listo para refrescarte.

Helado de yogur y mango

Se necesita un yogur natural o griego (si se quiere más cremoso) y un mango bien maduro. Pelar el mango y cortar a trozos. En una batidora, triturar el mango junto con el yogur, pero reservar algunos trozos. Verter la mezcla en un tupper apto para congelación y cada 30 minutos durante 2-3 horas, rascar la mezcla con la ayuda de un tenedor para evitar la formación de grandes cristales y obtener una textura cremosa. Cuando te apetezca degustarlo, batir la mezcla en una trituradora de nuevo para recuperar la cremosidad y decorar con los trozos de mango reservados y congelados.