¿Es sano el pescado enlatado?

El pescado es uno de los alimentos que ha de incluirse en una dieta saludable y equilibrada. Es fuente principal de proteínas de alto valor biológico, aportan también vitaminas del grupo B, vitamina A y D (sobre todo los pescados grasos) y minerales como el yodo, calcio, hierro, fósforo, zinc, magnesio y potasio. Contienen ácidos grasos omega-3 (poliinsaturados) y menos colesterol que las carnes. Por ello, su frecuencia de consumo recomendada es de 3-4 veces por semana.

Sin embargo, muchas veces no podemos consumirlos frescos porque no tenemos tiempo de ir a comprar, y aunque los tengamos en el congelador se nos olvida descongelarlos con tiempo… El resultado, muchas veces, es que se recurra al enlatado como opción muy socorrida y barata. Y no es mala opción, pues las conservas de pescado se pueden utilizar como complemento de una dieta saludable. Son una alternativa rápida, fácil y cómoda que nos permite introducir el pescado en el día a día. Además, son productos seguros.

Cómo se conserva

Los pescados en conserva son cocinados, esterilizados y colocados en un envase, que también ha sido esterilizado, con líquido de cobertura (aceite de oliva, vegetal, en escabeche, al natural…) y cerrado herméticamente. Para que la vida útil de la conserva sea larga se deja en salmuera con el fin de alcanzar la estabilidad del producto a lo largo del tiempo y la seguridad bacteriológica. No obstante, muchos fabricantes están sustituyendo o reduciendo su presencia para que las personas con ciertas patologías en las que deban controlar el consumo de sal en su dieta las puedan incluir en su dieta.

Esta forma de conservar el pescado tiene ciertos beneficios:

  • Es seguro a nivel microbiológico.
  • Se conservan sus propiedades nutricionales, excepto ciertas vitaminas que se pierden durante el cocinado.
  • No es necesario el uso de conservantes.
  • No precisa refrigeración.
  • Larga vida útil del producto (4-6 años) sin alteraciones organolépticas.

Qué tener en cuenta al comprar

  • Adquiere siempre conservas de primera calidad en la que se lea bien el etiquetado y la fecha de caducidad.
  • Rechaza las que estén abombadas, golpeadas, tengan señales de oxidación, pierdan líquido, tengan mal aspecto, huelan raro o contengan espuma en su interior.
  • Asegúrate de que estén cerradas herméticamente para evitar cualquier contaminación externa.
  • Antes de abrir cualquier conserva, lava la tapa y el envase, sobre todo si no van en estuches de cartón.
  • Una vez abiertas, si no se consume en su totalidad, guardar el resto en la nevera en un envase con cierre hermético y consumirlo cuanto antes.
  • Almacena las conservas en un lugar fresco, seco y resguardado de la luz y el calor.
  • Las conservas en envases opacos mantienen mejor las vitaminas y los nutrientes del alimento. En cambio, los conservados en recipientes transparentes pueden sufrir pérdidas de vitamina C, entre otras, pues se ven alterados por la luz.