Termoregulación en el deporte

El hipotálamo es la región del cerebro que regula la homeostasis, que se define como el “conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo”. Entre estos fenómenos encontramos el control de la temperatura corporal o termoregulación. Para que éste se active, son los “termorreceptores” los que detectan cambios de temperatura y le transmiten esta información.

Existen diferentes mecanismos a través de los que se puede controlar y equilibrar la temperatura corporal:

  • Conducción, en el que el calor pasa de un material a otro, por contacto directo
  • Convección, en el que se ve implicado el movimiento de un gas o un líquido para mantener la temperatura, ello ocurre por ejemplo cuando nadamos en agua fría.
  • Evaporación, que representa el 80% de total de pérdida de calor cuando hacemos ejercicio. El sudor principal agente implicado en este mecanismo, debe evaporarse para producir un enfriamiento y un control real de la temperatura.
  • Radiación es el mecanismo que se activa más cuando estamos en reposo, y por tanto tiene poco peso específico cuando se realiza actividad física.

Dependiendo del ambiente en el que se realice el ejercicio el cuerpo responderá de una manera u otra.

  • Cuando se realiza ejercicio en ambientes calurosos o a elevadas intensidades la temperatura del propio organismo se incrementa y aparece la necesidad de disminuirla, para evitar posibles problemas. La piel y los vasos sanguíneos son una de las vías que utiliza el organismo para disminuir la temperatura corporal. Los vasos sanguíneos experimentan una vasodilatación, es decir, facilitan el paso de la sangre hacia la piel y así liberar calor de manera rápida y mantener el cuerpo frío.

Aunque en la mayoría de ocasiones, los mecanismos propios son capaces de conseguir el equilibrio necesario, no siempre se pueden evitar situaciones límites en las que, a causa de temperaturas elevadas, aparecen trastornos de menor o mayor gravedad. De ahí la importancia de que el deportista sea consciente de lo que significa ejercitarse en momentos y ambientes que pueden ponerlo en riesgo. La aparición de síncopes o, incluso, el grave “golpe de calor” son patologías en las que el organismo no es capaz de disipar el aumento de temperatura corporal, llegando incluso a situaciones tan graves como el fallecimiento del deportista.

La prevención de las situaciones de hipertermia incluye la correcta hidratación antes, durante y después de la práctica de actividad física, una adecuada ropa y protección, además de evitar ejercitarse en momentos o situaciones de condiciones meteorológicas extremas.

  • Lo contrario ocurre cuando sometemos al cuerpo a ambientes fríos. La reacción de “conservar la temperatura” es la esencial en ese momento, y aunque se esté practicando deporte con frío y sudando a la vez, hay que evitar perder un exceso de calor. Se activan mecanismos como los escalofríos o la vasoconstricción para conservar la temperatura.

Igual que es importante prestar atención a la ropa en ambientes calurosos también lo es en este caso. Resulta básico no abrigarse en exceso y llevar capas para poder ir adaptándose a la temperatura de cada momento.