Alimentos que dañan tu hígado

La esteatosis hepática o lo que, comúnmente denominamos hígado graso no alcohólico es una de las principales consecuencias de un estilo de vida poco saludable y su evolución puede llegar a aumentar el riesgo de cirrosis y hepatocarcinoma.

Este trastorno, que afecta al 25% de la población mundial, se diagnostica a raíz de alteraciones de los enzimas hepáticos (transaminasas y GGT) en una analítica de sangre y se relaciona también con al menos uno de los siguientes factores de síndrome metabólico: diabetes, sobrepeso, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia o hipertensión.

Para el manejo del hígado graso, además de la pérdida de peso, es recomendable llevar a cabo un patrón de dieta mediterránea baja en calorías, rica en aceite de oliva (ácido graso monoinsaturado), alimentos con omega-3 (pescados azules), fruta y vegetales, pero restringiendo algunos otros nutrientes como las grasas saturadas, azúcares simples y el alcohol que perjudican directamente nuestro hígado. Por ello, a continuación, mencionaremos algunos alimentos que contienen dichos nutrientes y que deberemos evitar a toda costa si queremos un hígado sano.

Refrescos azucarados y zumos de fruta

El exceso de fructosa, azúcar simple presente tanto en las bebidas o refrescos azucarados como en los zumos de fruta comerciales, incide directamente en el incremento de la grasa hepática, visceral y muscular además de tener un efecto perjudicial sobre otros factores relacionados con un mal funcionamiento del hígado como el aumento de los triglicéridos y la resistencia a la insulina

Fast-food

Pizzas, hamburguesas, comida prefabricada… son algunos ejemplos de lo que denominamos “comida rápida” y que se caracteriza por una elevada densidad calórica y un exceso de grasas saturadas y grasas “trans” que provienen de aceites como el de coco, el de palma y de aceites vegetales parcialmente hidrogenados como las margarinas. Por ello, es crucial evitar estos alimentos ya que su consumo esta estrictamente relacionado con la obesidad y con el deterioro de la salud hepática

Bollería y dulces

Productos como croissants, bizcochos, galletas o postres lácteos azucarados (flan, natillas, etc.) tienen en común una elevada cantidad de azúcares simples tales como el azúcar, la miel, el jarabe de maíz o de glucosa. Estos ingredientes sumados a las grasas saturadas (de palma) que se incluyen en su elaboración, producen efectos nocivos ya que su consumo se asocia a hiperinsulinemia, acúmulo de grasa y necroinflamación hepática

Carnes rojas y procesadas

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya recomienda limitar el consumo de carnes rojas (buey, ternera, cerdo, cordero, caballo) y de carnes procesadas (salchichas, Frankfurt, embutidos de cerdo, hamburguesas) para evitar ciertos tipos de cáncer en la población sana, lo cierto es que el consumo de este tipo de alimentos también se asocia con un mayor riesgo de enfermedades hepáticas debido a su alto contenido en sodio, conservantes, aditivos y grasas saturadas y trans.