Brote, epidemia y pandemia

Estos tres conceptos están en boca de todos desde hace muchos meses, pero a veces se utilizan incorrectamente creando alarma y miedos en la población. Aclaramos a qué se refiere cada uno.

La declaración de pandemia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace referencia a la propagación mundial de una nueva enfermedad. Para llegar a esta situación han de cumplirse una serie de criterios y superar la fase epidémica. Por eso, cuando se multiplicaron por 13 los casos fuera de China y se triplicaron el número de países afectados la OMS clasificó la situación del COVID-19 como tal. Es un concepto que ha de utilizarse correctamente y que supone una llamada a que los países actúen con medidas urgentes y agresivas, sin pretender alarmar, pero sí avisar.

Brote

Esta palabra es la que más se escucha ahora, pues después de controlar bastante el número de infectados e instalarnos en la “nueva normalidad”, se están produciendo nuevos focos de infección en zonas concretas en número más elevado. Actualmente, se utiliza el término brote cuando hay tres o más personas confirmadas de COVID-19 que están relacionadas entre sí, en el mismo momento o lugar.

Epidemia

Cuando la enfermedad se propaga activamente porque el brote se descontrola, aumenta el número de casos en una zona geográfica concreta y se mantiene en el tiempo, podemos hablar de epidemia. Por eso, mientras los casos eran importados y el foco se situaba en China se calificaba la situación como epidemia. En el momento en que empezó a afectar a otros países y hay contagios comunitarios en más de un continente, se convierte en pandemia.

Pandemia

Para que se declare el estado de pandemia se tienen que cumplir dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por trasmisión comunitaria.