Cáncer de mama y deporte

En los últimos años el tándem cáncer y ejercicio ha ido creciendo en interés. Los estudios desarrollados por diferentes grupos científicos publican datos como que “un aumento del 10% del peso tras el diagnóstico de cáncer de mama aumenta la mortalidad asociada tanto al tumor como cualquier otra causa”, por ejemplo. A este mismo nivel también se actúa en cuanto prevención se refiere, porque el sobrepeso-obesidad es uno de los factores de riesgo conocidos para el desarrollo de esta patología, y es que según los expertos la obesidad multiplica por 12 el riesgo de que una mujer sufra cáncer de mama. Además, hay que añadir que la mayoría de diagnósticos se realizan cuando las mujeres alcanzan la menopausia, y en esa misma etapa es cuando existen cambios hormonales que afectan también al metabolismo que influye directamente en el control del peso.

Por otro lado, y según un estudio que publicó el Grupo GEICAM de Investigación de Cáncer de mama en 2017, las mujeres que llevan una vida sedentaria tienen un 71% más de riesgo de desarrollar cáncer de mama que aquellas otras que cumplen las recomendaciones internacionales sobre ejercicio físico, 150 minutos a la semana.

Con estas conclusiones parece evidente que la práctica de actividad física debe formar parte de la vida de cualquier persona y, en este caso, de cualquier mujer, que debería incorporar la práctica deportiva como un hábito más.

Como prevención

Referente a la prevención los ejercicios de tipo aeróbico son los que más se recomiendan. El abanico es amplio y va desde simplemente andar, eso sí con cierto nivel de exigencia, hasta bailar, nadar, correr o ir en bicicleta. Se pueden añadir a estas opciones otras como clases dirigidas o deportes de equipo que sean de intensidad moderada.

Una vez diagnosticado

Mantenerse activa también tiene beneficios durante la enfermedad. Iniciarse o retomar la práctica deportiva tras un diagnóstico dependerá de las características individuales de cada paciente, pero en general se aconseja progresión. Se puede empezar por hacer sesiones o salidas de 15 minutos para ir aumentando tanto en tiempo como en exigencia. Combinar ejercicios aeróbicos como los que se recomiendan a nivel preventivo (andar, nadar, bicicleta…) con los de tonificación muscular, de los que se aconseja una práctica de dos días a la semana, sería el programa ideal.

Es importante conocer cuáles son las limitaciones de movilidad que pueden aparecer tras una intervención quirúrgica, y pedir consejo a profesionales para obtener los beneficios que la práctica de actividad física ofrece. Estos beneficios son múltiples y ayudarán a recuperar la masa muscular, a reducir la grasa acumulada (por la disminución de gasto calórico) o a recuperar la masa mineral ósea, que aumenta el riesgo de fractura.