Coco: propiedades y usos en la cocina

El coco es uno de esos frutos tropicales cada vez más presente en nuestras cocinas. Su versatilidad a la hora de utilizar sus subproductos y sus múltiples beneficios para la salud han hecho del coco un alimento muy valorado para aquellos que quieran experimentar con sus distintas presentaciones, algunas de las cuales mostraremos a continuación.

Pulpa de coco

El coco se extrae del cocotero y su fruto se compone de una cáscara gruesa que recubre su pulpa y en cuyo interior se alberga el agua de coco. Se trata de un fruto bastante calórico (342 kcal/100 g) con una proporción elevada (34%) de grasas saturadas de cadena media, concretamente de ácido láurico que participa en la mejora de la salud cardiovascular ya que aumenta el colesterol HDL (“el bueno”) y estimula los procesos de termogénesis en el tejido adiposo. Además, contiene fibra (hasta 8 g/100 g) y es rico en minerales como el potasio, fósforo, magnesio, hierro y vitaminas antioxidantes E y C.

Una de las formas más simples de consumir la pulpa de coco es cortada para tomarla a bocados, aunque también podemos rallarla y consumirla cruda (en ensaladas o incluso postres) o asada. Además, si la cortamos fina, podemos hacer chips de coco fritos o deshidratados al horno.

Agua de coco

El agua que se encuentra en el interior del coco contiene minerales, vitaminas, grasas y azúcares en una proporción ideal para utilizar este líquido como bebida hidratante e isotónica. Por tanto, podemos aprovecharla para preparar batidos o smoothies recuperadores después de una sesión de entrenamiento.

Leche de coco

La leche de coco se obtiene a partir de la pulpa licuada del fruto y su composición varía según su dilución ya que puede contener entre un 15 y un 22% de grasa, cantidad menor que la leche de vaca. Por otra parte, hay que diferenciar entre las bebidas vegetales de coco (mal denominadas leche de coco) que pueden contener sólo un 5% de leche de coco, y la leche de coco pura 100% cuya textura es mucho más espesa y se utiliza en la elaboración de currys y guisos asiáticos o en la preparación de bebidas y postres.

Aceite de coco

En este punto, es muy importante tener en cuenta su calidad: el aceite de coco virgen ha demostrado ser un aliado en la salud cardiovascular y ejercer efectos beneficiosos sobre la microbiota intestinal. En cambio, al aceite coco refinado (no virgen) no se le pueden atribuir estas propiedades sino más bien al contrario, ya que aumenta el colesterol “malo” (LDL).

Por ello, podemos utilizar el aceite de coco virgen tanto en forma cruda para aliñar verduras y ensaladas o en la elaboración de barritas energéticas, como en forma de grasa para guisos y salteados ya que soporta bien las altas temperaturas debido a su estabilidad.

Por último, hay que recordar que el coco es un fruto que procede de Indonesia, Filipinas o India, por lo que su consumo en España no es sostenible ni respetuoso con el medio ambiente. De hecho, se debería priorizar como consumo habitual el aceite de oliva virgen ya que es un producto de proximidad y utilizar las variantes del coco (aceite, leche etc.) para elaborar, ocasionalmente, recetas más exóticas.