Dieta para mejorar el rendimiento escolar

Una dieta saludable, controlada en grasas, sal y azúcar, pero rica en hidratos de carbono complejos (pan, pasta, arroz, legumbres, patatas…), proteínas (carnes magras, pescado, huevo, legumbres, frutos secos…), vitaminas, minerales y fibra (frutas, verduras…), unida a una actividad física regular son los pilares para ayudar a los niños en edad escolar a mejorar su rendimiento, así como para asegurar su óptimo crecimiento y evitar la obesidad.

Controlar lo que los niños toman en el comedor escolar, así como la cantidad de productos industriales como la bollería y el número de comidas que hacen al día ayudan a inculcarles buenos hábitos.

Consejos

Cinco comidas al día: un niño en edad escolar debe realizar cinco comidas al día (no tres), es decir, el desayuno, el tentempié de la mañana, la comida, la merienda y la cena. Así se asegura un aporte de energía continuada a lo largo del día.

Desayuno completo y equilibrado: no desayunar afecta a la capacidad intelectual de los niños durante la mañana, y más de un 20% de los niños españoles sale de casa habiendo tomado sólo un vaso de leche. El desayuno debería aportar el 25% de la energía y lo ideal es que se componga de lácteo (vaso de leche o un yogur), fruta (1 pieza o zumo natural) y cereales (bocadillo, cereales de desayuno poco azucarados…). Además, si no se desayuna adecuadamente en casa después se puede caer en el riesgo de tomar cualquier cosa.

El tentempié de media mañana: para rendir a lo largo de la mañana y llegar bien a la hora de comer, es recomendable tomar un bocadillo o algún producto lácteo y una ración de fruta (plátano, mandarinas…). Lo mismo sucede con la merienda, que es importante para realizar sus deberes y actividades extraescolares, además de que ayuda a evitar que picoteen alimentos menos saludables.

La cena debe complementar la comida del colegio: en casa es importante procurar que la cena complete en cuanto a nutrientes lo que han comido al mediodía en el colegio para que la dieta del día haya sido equilibrada y acorde con sus necesidades. La cena, además, no debe ser demasiado abundante y debe estar formada por platos fáciles de digerir y mejor si es temprana para que no interfiera en su descanso, lo que también repercutiría en el rendimiento de la jornada siguiente.

Menos bollería y dulces: en general, se aconseja limitar la bollería industrial, en la que suelen abundar las grasas saturadas y los ácidos grasos hidrogenados (grasas trans) que contribuyen a la obesidad y aumentan el riesgo cardiovascular. Lo mismo sucede con los caramelos, pasteles, bebidas azucaradas… que aportan calorías vacías y favorecen el sobrepeso.

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