Frecuencia cardíaca y deporte

El control de la intensidad del ejercicio es un aspecto clave en cualquier proceso de entrenamiento. Mediante la medición de la frecuencia cardíaca podemos conocer, de forma indirecta, si dicha intensidad está dentro de nuestros parámetros de normalidad.

¿Qué es?

El concepto de frecuencia cardíaca es ampliamente conocido. Sabemos que hace referencia al número de latidos o pulsaciones del corazón por minuto. La frecuencia cardíaca normal (en estado basal) oscila entre los 60 y los 100 latidos por minuto. Cuando está por debajo de 60 hablamos de bradicardia y cuando está por encima de 100, de taquicardia. Ambos casos pueden reflejar una patología cardíaca.

¿Qué pasa al hacer ejercicio?

En situación de actividad física la frecuencia cardíaca se adapta a la demanda durante el entrenamiento. Oscilaciones de frecuencia cardíaca fuera del rango de normalidad establecido para cada individuo durante la actividad física también son consideradas patológicas. Cuanto más entrenado está un individuo, más aumentan sus pulsaciones durante el ejercicio y más bajas son sus pulsaciones durante el reposo. Así, el rango de normalidad para alguien entrenado es mucho más amplio.

La frecuencia cardíaca está íntimamente ligada a la intensidad del ejercicio, al tipo de ejercicio y al perfil del deportista.  Normalmente se establece un valor de frecuencia cardiaca máxima (FCmáx) para cada individuo que indica el valor máximo recomendable de frecuencia cardíaca en situación de esfuerzo máximo.

Este valor se calcula teniendo en cuenta si el individuo es o no deportista y si es hombre o mujer.

Las fórmulas del cálculo serían:

  • En no deportistas: en los hombres: FCmáx=220–edad, en mujeres: FCmáx=226–edad.
  • En deportistas: 208 – (0,7 x edad) en ambos sexos.

Asimismo, podríamos calcular la frecuencia cardíaca recomendable según la intensidad del ejercicio.  La Asociación Americana del Corazón recomienda, en caso de ejercicio moderado, no sobrepasar del 50-70% de la FCmáx. En caso de alta intensidad podemos alcanzar entre el 70- 85% de la FCmáx.

Existen muchos otros factores que pueden modificar la frecuencia cardíaca del individuo: factores ambientales, tratamiento médico que realice, nivel de hidratación y la duración y el tipo de ejercicio, entre otros.

En el caso del corazón la práctica deportiva habitual ocasiona unos cambios evidenciables como pueden ser una disminución de la frecuencia cardíaca en reposo (bradicardia basal), un aumento de grosor de la pared del ventrículo izquierdo (hipertrofia del ventrículo izquierdo) y un aumento del tamaño de las cavidades cardíacas que le confiere un aumento de tamaño al corazón (cardiomegalia).  Estos cambios crónicos producidos en el corazón del deportista y derivados del entrenamiento constante se conocen como “corazón del atleta”.

El deporte entrena, pues, al corazón para que sus latidos sean más eficientes. Un corazón entrenado bombea más lento (frecuencia cardíaca más baja o bradicardia) pero su volumen de eyección o bombeo es superior por tener unas cavidades grandes y engrosadas.