¿Qué alimentos son los que más desperdiciamos en nuestros hogares?

Ya sea por olvido, pereza de cocinar o mala gestión de la compra, los desperdicios de alimentos son una realidad cada vez más creciente: España es el séptimo país europeo que más comida tira a la basura, llegando a desperdiciar hasta 1.339 millones de kilos de comida en 2018, de los cuales el 81.5% son alimentos o productos comprados que nunca han sido utilizados. Ante estos datos, es imprescindible analizar qué alimentos son los que más desperdiciamos e intentar combatir este derroche alimentario que tiene consecuencias no tan sólo económicas sino también climáticas: tal como indicó un documento del Consejo de la Unión Europea (UE) en 2016, los desperdicios alimentarios suponían ¼ parte del agua utilizada con fines agrícolas, además de destruir parte de la biodiversidad y costar a la economía mundial unos 990.000 millones de dólares al año.

Frutas, hortalizas y pan: los más desperdiciados

El ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación elaboró un informe en 2018 donde aparecía una lista con los alimentos que más se desperdiciaban en los hogares, entre los que destacamos (por orden de mayor a menor desperdicio): verduras y hortalizas frescas, naranjas, pan fresco, manzanas, plátanos, leche, sopas y cremas, yogures, zumos, platos precocinados o pescado y marisco frescos, entre otros.

Las frutas, hortalizas y pan representan casi la mitad del desperdicio de los alimentos en los hogares, mientras que los productos envasados de larga duración y los congelados son los comestibles que menos se tiran. Asimismo, las sopas, cremas, leche líquida y yogures son otros alimentos que representan casi el 20 % del total de alimentos que tiramos a la basura.

¿Por qué estos alimentos son los que tiramos a la basura con más frecuencia?

Es fácil pensar que los alimentos frescos como las frutas y las verduras tienen una vida útil más corta que otros alimentos envasados y que, por ello, si no los consumimos frecuentemente se marchitan, sobre todo en verano, ya que las elevadas temperaturas también retrasan la vida útil, no sólo de los alimentos frescos sino de otras conservas como yogures y salsas.

Con lo dicho, podemos concluir que el derroche no sólo es la consecuencia de una mala planificación a la hora de comprar alimentos frescos sino de una mala conservación de éstos sobre todo en condiciones climatológicas de mucho calor.

Por otra parte, existe otra pequeña proporción de desperdicios que se derivan de las “sobras” de platos que ya hemos elaborado y que se tiran a la basura después de haberlos guardado en tarteras en la nevera o bien directamente des del plato ya que no hemos calculado bien la cantidad de cada ración.