Síndrome por déficit de naturaleza

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pasamos el 90% de nuestro tiempo en interiores. Son muchas las repercusiones que esto está generando en los niños de las últimas generaciones, la denominada “Indoor Generaltion”, y aún desconocemos los efectos que esto puede tener en el futuro.

En qué consiste este síndrome

El síndrome por déficit de naturaleza fue conceptualizado por primera vez por Richard Louv en 2005. A pesar de que no es un diagnóstico clínico oficial, pretende definir el conjunto de carencias o consecuencias que pueden derivarse del contacto limitado con la naturaleza, particularmente en niños, originados por los cambios sociales derivados de la tecnologización y el ritmo frenético de la vida en las ciudades. El cambio en la forma de vida afecta también al desarrollo de las capacidades de los niños.

Entre los efectos de la falta de contacto con la naturaleza encontramos:

  • Aumento del riesgo de obesidad (por el aumento de actividad física).
  • Miopía (por menos exposición a la luz natural y al aumento de pantallas).
  • Asma (por falta en la calidad del aire puro).
  • Problemas por la carencia de vitamina D.

Beneficios del contacto directo con la naturaleza

Estos efectos son sólo la punta del iceberg. El exceso de tecnología genera empobrecimiento intelectual, adicción a las redes, aislamiento social, etc. Necesitamos estar vinculados a la naturaleza. Algunos de los beneficios del contacto directo son:

  • Reduce el estrés.
  • Disminuye de la presión arterial.
  • Mejora las funciones neurocognitivas.
  • Mejora del sistema inmune.
  • Mejora de la condición física.
  • Mejora del rendimiento académico.
  • Mejora de capacidades de hemisferio derecho como creatividad, motivación, etc.
  • Aumento de la concentración, la capacidad analítica y la integración de aprendizajes. Por ejemplo, los niños con TDAH mejoran con breves paseos en la naturaleza.
  • Mejora el sueño.
  • Aumento de la energía y vitalidad.
  • Promueve la conciencia ecologista.
  • Mejora de la autoestima.

Aumentar el contacto con la naturaleza no supone cambiar de vida. Pequeñas salidas a un parque urbano, bañarse en el mar, hacer una ruta en bicicleta, cuidar plantas en casa o hacer un picnic ya son en sí mismas actividades terapéuticas.